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No, España no crece más por el gasto público; es uno de los países donde menos aumenta
Datos de Eurostat
Una quinta parte del crecimiento económico de España desde 2019 se debe al consumo público, frente a un cuarto del conjunto de la eurozona. España es uno de los cuatro países que ha reducido su déficit público
El gasto público fue el principal soporte de la economía durante la pandemia. Esto provocó que se propagara la sensación de que el crecimiento se sostiene por el impulso del consumo público. Esto es así en algunos países europeos que tienen grandes dificultades de crecimiento, pero no es el caso de España. Al contrario, España es uno de los países europeos con menor aportación del consumo público al crecimiento del PIB.
Hay varias causas que explican esta situación. Entre las más importantes está el rápido crecimiento de la producción privada y de la población, que hacen que el peso del consumo público se haya reducido. La segunda, que la prórroga presupuestaria está conteniendo la utilización de los nuevos recursos que tiene el Gobierno a su disposición por el avance de la recaudación. Y la tercera, que el propio Gobierno ha optado por una política fiscal prudente, permitiendo una rápida reducción del déficit público.
Los últimos datos de contabilidad de Eurostat muestran que el consumo público ha generado un 21% del crecimiento del PIB español desde los niveles previos a la pandemia (se comparan los cuartos trimestres de 2019 y 2025). Por el contrario, en el conjunto de la eurozona, la aportación del consumo público asciende hasta el 25,2%, cuatro puntos superior. De los 21 países del euro, España es el decimoquinto en impulso económico con el gasto de las AAPP.
Es cierto que España fue el país europeo al que más impulso se dio con el gasto público, hasta el punto de que a finales de 2021 representaba el 87% del crecimiento económico. Esto es, más del doble que la media de la eurozona, del 39%. Sin embargo, cuando la economía privada empezó a coger velocidad, el impulso público se fue moderando.
Desde finales de 2021 hasta la actualidad, el consumo público ha generado algo menos del 17% del crecimiento del PIB, frente a casi el 22% en el conjunto de la eurozona. Esto implica que, en los últimos años, el peso del consumo público sobre el PIB incluso se ha reducido.
Esto significa que, aunque el consumo público ha ganado relevancia en el PIB, en España lo ha hecho en menor medida que en la mayor parte de países europeos. El peso del consumo público se ha incrementado en 0,7 puntos en España, frente a los 1,1 puntos en el conjunto de la Unión Europea y muy lejos de los 2,4 puntos de incremento en Alemania.
Cuando se comparan las cifras de consumo público en términos per cápita, el resultado es muy similar. El consumo público en precios corrientes aumentó en 500 euros por habitante en España, frente a los 700 del conjunto de la UE.
El ajuste fiscal
Todos estos datos muestran que el crecimiento económico de España tiene poca relación con el impulso del consumo público. Es cierto que durante la pandemia supuso un freno al desplome del PIB, pero fue un impulso coyuntural que no se ha prolongado en el tiempo. Es importante señalar que el consumo público no incluye todo el gasto, sino la parte que impacta directamente en el PIB y que no es inversión, desde las compras de bienes y servicios hasta los salarios públicos, etc.
Si se amplía el foco a todo el gasto público, el crecimiento en España ha sido un poco superior al conjunto de la eurozona, ganando 2,8 puntos en el PIB frente a 2,7 puntos en el conjunto de la UE. Sin embargo, todo este gasto no se va a un mayor crecimiento económico. Por ejemplo, las transferencias a los hogares que se acumulan en forma de ahorro no generan actividad económica. De ahí que medir el gasto total en términos de contribución al PIB no sea recomendable.
En cualquier caso, las Administraciones Públicas «dan con una mano, pero quitan con la otra». El aumento del gasto público se está pagando con una mayor presión fiscal, lo que también tiene un coste en términos de crecimiento.
Lo más relevante es, por tanto, si el gasto público se está financiando con déficit público. Y aquí, España vuelve a ser uno de los países europeos con una política fiscal más prudente. El déficit público ha bajado hasta el 2,2% del PIB, lo que supone una reducción de un punto porcentual con respecto a los niveles prepandemia.
España es uno de los cinco países que tiene hoy menos déficit público que en 2019, junto con Grecia, Irlanda, Chipre y Portugal. En definitiva, se ha producido un ajuste fiscal a través de la recaudación, que conlleva que el crecimiento económico no sea consecuencia del impulso público. Hay otras razones que explican el desempeño de la economía española, que van desde el avance de la inmigración, su posición de competitividad en salarios, su posicionamiento en el sector servicios o el despliegue de las energías renovables. Incluso los fondos europeos podrían explicar parte del crecimiento diferencial de España con respecto a otros países del centro y norte del continente. Esta vez no hay efecto causal en el gasto público.
El Confidencial (25.04.2026)