Puigdemont, el puto amo

Puigdemont, el puto amo

Sánchez ha demostrado de nuevo ser capaz de humillarse sin pestañear ante el prófugo de Waterloo

En aquellos días en que Pedro Sánchez amagó con dimitir, el ministro Óscar Puente lo elevó entre los suyos a la categoría de «puto amo». Justificó después el uso de una expresión tan vulgar porque se encontraba en un entorno de confianza, en la inauguración del congreso del PSG, y al hecho de que conserva, afirmó feliz, una «pulsión juvenil irrefrenable». Me disculpará a mí también el lector, con quien comparto este espacio de confianza, por el empleo de ese mismo coloquialismo para referirme al prófugo de Waterloo. Lo sucedido con el decreto ómnibus y la moción de confianza, que finalmente el Gobierno acepta discutir en el Congreso, lo acaban de convertir en el «puto amo» de lo que queda de legislatura, no tanto por mérito propio, sino porque Sánchez ha demostrado de nuevo sercapaz de humillarse sin pestañear.

Como bien relatan Iñaki Ellakuría y Pablo Planas en el libro que le han dedicado, despreciar a Puigdemont como estratega, insistir en la anécdota, seguramente falsa, de que huyó en 2017 en el maletero del coche y reducirlo a «vivales» del independentismo siempre ha sido un error. Su fanatismo no le impide saber aprovechar la más mínima oportunidad para marcar la agenda del Gobierno, chantajeándolo con amenazas, sin derribarlo del alambre, pues para eso tendría que retratarse junto al PP y Vox, pero haciéndolo bailar la danza que quiere. Quien puede lo más, puede lo menos. Y si Puigdemont fue capaz de arrancarle al PSOE una amnistía mil veces negada por inconstitucional, logrará ahora que el Gobierno transfiera a la Generalitat las competencias integrales en materia de inmigración, que para los separatistas simbólicamente consiste en que la Guardia Civil abandone el control de las fronteras nacionales en Cataluña. Esa puede ser la parte más sustanciosa del pago que Sánchez deberá abonar si quiere intentar aprobar Presupuestos, aunque sea una sola vez en esta legislatura.

Es tontería intentar escribir el guion de lo que pasará, pues el presidente del Gobierno es capaz de ir siempre más lejos de lo que razonablemente pensamos sobre su capacidad de desdecirse para mantenerse un día más en La Moncloa. Era inconcebible que aceptase someterse a una pseudo moción de confianza en la que solo quedará retratada su debilidad. Y, sin embargo, hacia ahí vamos. El problema de este protagonismo tan marcado de Junts es que los grupos que sí forman parte del sostén al Gobierno van a tener que elevar su precio, particularmente ERC, cuyo peso en el Congreso es el mismo, siete escaños. Gabriel Rufián cargó la semana pasada contra Junts, calificándolos de «terriblemente reaccionarios». Sánchez no solo ha tragado con sus exigencias en cuanto al decreto ómnibus, sino que les ha dado un bonus track con la moción de confianza. Difícil de digerir para quien en la legislatura pasada tantas veces se creyó el «puto amo».

El Mundo (30.01.2025)