
Considerado uno de los mayores expertos en gestión pública de España, el profesor del Centro de Gobernanza Pública de Esade alerta sobre la infiltración de los partidos (y de sus relatos) en en las instituciones, como prueba lo ocurrido en Adamuz.
PREGUNTA.¿Podemos establecer una línea de puntos que conecte los nombramientos de altos cargos de la Administración con disfunciones muy severas que vivimos en nuestro país?
RESPUESTA.Claro que sí. Cuando hablamos de cosas sobre las que estamos lógicamente sensibilizados, como es el caso de ADIF, nos hieren especialmente. Pero es que desde este punto de vista la SEPI, que es el instituto público empresarial del Estado, se ha ido convirtiendo con los años en una agencia de reparto de posiciones directivas a políticos o de premios de conformación, como se le quiera llamar. Hay casos que han salido tanto que provocan una cierta risa, como Paradores o el Hipódromo de la Zarzuela. Pero es que estamos hablando del gestor de las estructuras ferroviarias. O del de la energía nuclear. Poca broma con eso. Considero que tanto ahí como en las direcciones generales y en lo más central de los niveles en los que se despliega la administración -desde los hospitales a las universidades- la ausencia de directivos profesionales significa que falta una base institucional fundamental, sin la cual las cosas no funcionan bien.